Copia de los papeles

Isabel Manuela de Santa María

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en la voquita y sentí como que lo agarraba con fuerza, según sentía, y puesta la
mano en el pecho, sentía distintamente que me hazía llamamiento y me
latía como las venas. Y visto el pecho en su
voca, le tenía agarrado con sus labios,
con esto más y más se me abrasaba el alma en su divino amor. Y estando como digo parece estaba
mi Señora la Virgen María dándome a mí de mamar, y con esto me
llegué a embriagar, de modo que estaba fuera de mí y no hallaba cómo dezirle amores a mi amado
Jesús. Y cada vez que llegaba a sentir el gran llamamiento que me hazía en los
pechos, sentía que le latían las espalditas,
como que mamaba y tragaba; en esto hize mucha reflexa, pero se conocía distintamente y estaba como risueño, y con el color
del rostro tan sumamente ensendido que parece le vertía sangre por los
carrillos, junto con alegría. Y estando en esto, sentí, y parece vi, que con una manita
tenía el pecho y la otra me la metía en el interior de el pecho, como que
me buscaba el corazón, el qual le estaba entregando y el alma que se la
mamara y la de vuestra merced, y parece vi que con su divina
manita coxía mi corazón, y a ese tiempo me dio tan grande
estremecido, que se me movió todo mi cuerpo y hasta sentí se me movieron las
entrañas. Pero más y más ensendida en su amor, le rogaba lo feriara con su divino
corazón, y le entregué el de vuestra merced;
y estando en esto, vi y sentí distintamente que juntaba quatro corazones: el suio,
el de su madre santísima, el de vuestra merced
y el mío, y los llegó a unir de modo que ya no era más de un corazón. Con esto me llegué a sentir
de modo que era como desmaiada, pero gozando
todo lo dicho y gustando tanta suavidad y dulzura que no es posible dezirla. Acabado esto, que duró arto tiempo, proseguí
hasiéndole muchos amores y dándole fuertes abrazos, y puesta la mano en el
pecho de mi amoroso
Jesús, sentí le latía con tanta violencia que me asusté, y con gran cuidado fui
mudándole mi mano por todo su cuerpesito, para ver y conocer
si era mi mano la que latía o su corazón, y no sentía le latía por otra
parte, sólo en su divino pecho; esto me hizo gran fuerza y le preguntaba mi
alma cómo era este latido que yo sentía, y parece me dezía qué era lo que le latía en su
pecho: los dos corazones, el de
vuestra merced y el mío. Con esto concidere
vuestra merced cómo estaría esta miserable pecadora.
En fin. Acabado
todo lo dicho, le pedí licencia para ponerlo en su sillita, y en quanto lo senté y me quité de junto a
su Majestad, sentí como que me
mordieron el dedo pulgar de la mano derecha, donde
llegué a sentir gran dolor, y mirando qué sería, me vi una gran inchasón que me tenía toda la mano
tiesa. Luego con ssí [sic] era venganza, que el enemigo tomó por todo lo que me avía
passado, con esto nada se me dio. Yo proseguí con todo mi dolor y [de] esta
lla vuestra merced tuva noticiasia [sic],
cómo se me puso la mano de inchada y acardenalada. Y esto volví a sentir a la siesta estándome
gozando con el Niño, porque me saca de mí, y aviéndome passado todo lo dicho
la víspera de San Juan, y el día [de San Juan] también me volvió a passar lo mismo;
vuestra merced lo cotexe con lo que a
vuestra merced le passó ese día en confesonario
con el Niño

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